Phillip Island, Victoria
- Felipe Sepulveda

- Jan 27
- 3 min read
Updated: Feb 23
Una escapada por el día.
El día de mi cumpleaños con Felipe decidimos hacer algo fuera de lo ordinario: ir a conocer Phillip Island.
Lo decidimos un par de días antes y desde ese momento nos pusimos manos a la obra. Llenamos de aire los neumáticos de nuestro cacharro, compramos un cargador de celular para enchufar al auto, nos abastecimos de comida idónea para empacar y llevar en nuestro cooler.
Cuando llegó el día sábado, agarramos todo y lo pusimos en nuestro Toyota, nos subimos e iniciamos una marcha que tomaría 2 horas hasta llegar a nuestro destino.

Al llegar a Australia, muchos presumen de haber visto canguros desde el primer día. En nuestro caso, la suerte no estuvo precisamente de nuestro lado… Los envidiosos dirán que no cuenta verlos pagando la entrada a un santuario, pero la verdad es que la Cote ya estaba al borde de la tristeza después de seis meses viviendo en Melbourne sin cruzarse con un solo canguro, ni siquiera con un koala que nos guiñara el ojo desde un eucalipto.
Más de una vez esperamos con ilusión la llegada del fin de semana para lanzarnos a recorrer parques nacionales en busca de ese ansiado encuentro con la fauna nativa. Poníamos la alarma temprano, abríamos los ojos… y nos recibían mañanas grises, lluviosas y poco prometedoras. En otras ocasiones, emprendíamos el camino con optimismo, solo para tener que dar media vuelta ante lluvias tan intensas que cualquier plan quedaba descartado. Porque después de los treinta, una cosa es querer ver canguros y otra muy distinta es arriesgar la vida por ellos.
Finalmente, el gran día llegó... LOGRAMOS VER KOALAS Y CANGUROS MI GENTE LATINO! A continuación les compartimos algunas imágenes de lo que nuestro ojos vieron ese día. Lamentablemente fue en nuestro regreso que vimos manadas de canguros saltando en unos hermosos prados verdes, pero el teléfono de la Cote estaba descargado por completo y a Felipe le quedaba 3% de batería en su teléfono, que lo estábamos usando para el mapa y volver a casa, así que ese hemroso recuerdo de canguros solo vive en nuestra memoria.

Según Felipe yo soy un Koala, ya que fácilemente puedo dormir más de 15 horas en un día y despertarme solo para comer mi eucalipto.

Los koala tienen una especie de harén en su hábitat, ya que los machos deben estar separados y al menos cada macho tiene 3 a 5 hembras.
La verdad es que quedamos gratamente sorprendidos con este santuario de koalas: los animales están muy bien cuidados y pueden desarrollarse plenamente, casi como si estuvieran en su hábitat natural y los turistas fueron (fuimos) muy prudentes y silenciosos, ¡incluso los chinos! Además, el lugar funciona como refugio para ejemplares que sobrevivieron a los grandes incendios ocurridos en el estado de Victoria. Todos los koalas que viven aquí han sido rescatados y reciben atención especializada para su recuperación y bienestar.
Estuvimos varias horas en el santuario, fascinados con los koalas y con la interacción que pudimos tener con ellos. El tiempo se nos pasó volando y, aunque estábamos a dos horas de casa y al día siguiente tocaba volver al trabajo, sabíamos que era momento de emprender el regreso… pero no sin antes pensar en el diente. Por suerte, muchos de estos lugares cuentan con mesitas para picnic, así que sacamos el cooler del auto y nos armamos unos buenos taquitos para recargar energías.
El viaje no terminó con los koalas. El broche de oro fue el mirador Pyramid Rock, que de pirámide no tiene mucho, pero sí presume unos acantilados sencillamente espectaculares. Los paisajes costeros de Australia son magníficos, y cada uno de sus miradores vale,sin exagerar, el cien por ciento la pena.

Intentanos .realizar la misma toma de la publicidad del mirador, en dónde le triángulo que armé con mis manos debía encajar perfectamente con con el de la roca, pero no nos resultó. Lo importante es que lo pasamos bien.

Ya se estaba escondiendo el sol, era hora de devolvernos.

Tomar esta selfie fue muy divertivo, ya que no nos quedaba nada de batería en mi teléfono y el viento que había no colaboraba con las fotos, y mi pelo para que decir...



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